sábado, 30 de abril de 2011

Efemérides del 1 de Mayo



Gualeguaychú, nuestro Chicago

En esta oportunidad me gustaría contar dos breves historias y, cómo estas, de alguna manera se relacionan: la primera, seguramente muy conocida por todos; la segunda no tanto, pero no por esto menos relevante.

El 1 de Mayo de 1886 los trabajadores norteamericanos se lanzan a la epopeya conquista de la jornada laboral de 8 horas, en las que hoy muchos nos amparamos. Aunque aún queden muchos otros que, lamentablemente, no lo han logrado. Es que hasta ese momento llegaban a trabajar inclusive 16 horas diarias. Lejos, muy lejos de las 8 horas destinadas al trabajo, 8 al sueño y 8 para recreación personal recomendado por la organización mundial del sentido común. Pero como eran tiempos de bala fácil y reclusiones constantes a encargo de los sectores patronales, primeramente deberían morir algunos “malos” ejemplos.

El proletariado yanqui venía reclamándolo desde la década de 1860, hartamente cansados de ser explotados del crepúsculo al ocaso para seguir siendo igual de pobres al final de cada día, igual de desamparados.

Se encontraban literalmente solos, eran ellos y nadie más que ellos la fuerza ejecutora para tamaña empresa, el último bastión para la reivindicación laboral más justa que hoy gozamos.

Entonces esto que había comenzado el 1 de Mayo en Chicago se extendió hasta encontrar su punto más crítico el día 3 de Mayo. La huelga transcurría pacíficamente, como sus líderes lo habían pactado, cuando llega la policía para desbaratarlos, disparan hacia los insolentes, ocasionando la muerte de uno de ellos e hiriendo a otros.

Esos trabajadores acababan de ser marcados a fuego. No había marcha atrás, ahora comenzarían a tutearse con la muerte, pero como la recompensa era tanto justa, eso de morir era sólo un consecuente detalle.

Al día siguiente de la muerte, los trabajadores, lejos de mermar en su lucha, deciden ir a por todo. Protestan por la masacre de su compañero. Una vez más la policía hace su entrada triunfal al lugar, apresa a los lideres de la proclama, más tarde reconocidos por la historia como “Los Mártires de Chicago”, quienes 6 meses después (Noviembre de 1886) son embusteramente enjuiciados por arrojar una bomba en una de dichas protestas que desemboca en la muerte de un oficial de policía. Los mártires son 8: Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Para sorpresa de nadie fueron encontrados culpables: 5 serán condenados a la horca, de los cuales uno decide suicidarse en la cárcel, otros dos a reclusión perpetua y por último, un dichoso a 15 años de prisión. La condena tenía que ser ejemplar para futuros reclamos. Es que uno nunca sabe, vio.

Es por esto que cada 1 de mayo los trabajadores, a sabiendas o no, recordamos sin recordar la masacre de estos imbatibles militantes que lucharon por nuestros derechos. Que lo hicieron nada más ni nada menos que en el único país que hoy no los recuerda, que además mantiene e indaga por políticas antisindicales. Justamente el país que se jacta de su bendita democracia, déspotamente han declarado el primer Lunes de Septiembre como el Labor Day y no el 1 de Mayo como el día de los trabajadores (muertos al luchar).

Pero así como Estados Unidos tiene su trágico 1 de Mayo, también lo tenemos los argentinos, donde la ciudad de Gualeguaychú sería el escenario para nuestro parangón. Nuestro Chicago.

Exactamente 35 años después, el 1 de Mayo de 1921, en la plaza Independencia (actualmente plaza San Martín) de dicha ciudad, miles de trabajadores rurales y obreros no tienen mucho para festejar en su día, pero si mucho por exigir. Las deplorables condiciones de trabajo en las que se encuentran los arrojan a la plaza principal de la ciudad para tratar de que sus plegarias sean escuchadas por sus patrones. Éstos, de sorderas pronunciadas y cegueras inminentes sostienen la firme convicción que la explotación del hombre por el hombre es sin lugar a duda el modelo económico para el crecimiento del país, o al menos de sus bolsillos.

La ciudad se encontraba, claramente, dividida en dos. Ese mismo día, en la misma ciudad, durante las mismas horas, la oligarquía terrateniente, festejaba el día del trabajador en las zonas aledañas al puerto, algo así como un contra acto por el día del trabajador pero sin ellos, ya que estos últimos lo hacían a unas aproximadas veinte cuadras de allí.

Luego de haber dejado aclarado cuestiones de espacio y tiempo, me parece oportuno y justo hacerlo con algunas circunstancias políticas en la que se encontraba el país. Digo esto para tratar de entender mejor este suceso y poder dificultar la rápida desmemoria.

En la argentina de los años 20 (donde el marxismo contrabandeado a América por los inmigrantes europeos es una filosa navaja atentando ya no sólo contra las monarquías, el vaticano y los zares) queda solemnemente inaugurada la “Liga Patriótica Argentina”, una agrupación ultra fascista que amontona a la derecha más recalcitrante del país. Apadrinada por políticos, el ejército, la iglesia y, por supuesto, acaudillada por los hijos de la flor y nata de la comunidad. Cuyo brazo ejecutor lo conforman clandestinos grupos de tareas que salen deliberadamente a las calles a hacer justicia por mano propia, centrando como blanco de su accionar a los trabajadores, entonces llamados anarquistas. Esta liga embanderada de celeste y blanco y emborrachada de testosterona la preside un ultraderechista Manuel Carlés, reconocido entre sus pares por sus formas en los dimes y diretes. De un exquisito prontuario al servicio de la siempre frac-queada sociedad. Este siniestro personaje tiene sus satélites en todo el territorio argentino y por supuesto que Gualeguaychú no sería la excepción. Aquí esperaban, gustosamente, su arribo mientras desfilaban gauchos comandados por los hacendados, colegios religiosos de la ciudad y la mismísima juventud de la liga patriótica.

Una vez finalizada la procesión, encolerizados y respaldados por la seguridad que hace a las turbas deciden trasladarse hacia la plaza Independencia, donde se encontraban los obreros haciendo sus pacíficos reclamos. Envisten en la plaza acaudillados por un conocido terrateniente del lugar, Francisco Morrogh Bernard (digo conocido porque aún hoy su nombre es homenajeado por una de las calles de la ciudad), quien sin dudarlo se pone a la cabeza de la masacre que allí se produciría. Los trabajadores son franqueados hasta que comienzan los disparos donde 4 personas mueren de forma inmediata, 35 son heridos y de los cuales 13 morirían en los días siguientes. Los trabajadores intentan resistir como pueden, pero las piedras y los palos nada pueden hacer frente los sofisticados fusiles para-policiales. Manuel Carlés no vacila en llamar a este día como “Gloriosa Clarinada”. Nosotros lo llamaremos y debemos recordarlo como lo que fue: La masacre de Gualeguaychú.

Estos son algunos datos que han sido proporcionados por Ateo Jordan, hijo de uno de los sobrevivientes de aquella fatídica tarde, quien en cuyo nombre, justamente, hay una huella imborrable de aquel episodio: su padre decide llamarlo Ateo, al recordar que los primeros disparos que en ese día se dieron provenían de las torres de la iglesia Catedral ubicada frente a la plaza. Lo que sirve para evidenciar, una vez más, la gruesa mentira de que la iglesia no mantiene relaciones carnales.

Pero amén de este mal trago, quiero recordar los nombres de al menos, los cuatros dirigentes muertos aquel, hoy no tan, lejano día: Lorenzo Timón, Pedro Villareal, Ángel Silva y Celoño Iglesias son sólo algunos de nuestros merecidísimos mártires.

“En conmemoración a los 90 años de la masacre de Gualeguaychú. En homenaje a todos los trabajadores del mundo, pero por sobre todo, a aquellos que aún hoy, sus derechos continúan siendo negados”.

Facundo Riera

viernes, 15 de abril de 2011

"Apraxia"


Se le caía el pantalón, andaba en silla de ruedas y detenía el ascensor al decir que por las escaleras iba a bajar con su andador.

Pero, al parecer no había tiempo porque el único tiempo es el de entrar y salir del ascensor una y otra vez. Y si me descuido ni siquiera hay tiempo para tocar el botón del piso al que vamos porque alguien te ganó de mano y te llamó. Y si me descuido tampoco hay tiempo para abrir y cerrar la puerta porque el ascensor ya lo hace por vos.

Entonces, ¿cómo no pensar que la silla de ruedas termine siendo el hospitalismo de este hombre, si al parecer, todo está dado para que así sea? Pero, ¿por qué no hacer que las cosas dejen de estar dadas frente al grito de un hombre que sólo quiere sentir como sus pies rozan el suelo de las escaleras? ¿Será que no hay tiempo? ¿O será que no nos bancamos el impass del mismo?

Y ahí me encontraba yo pensando estas líneas cuando era la tercera en discordia en la situación de una mengana, por no decir ortodoxa del discurso médico, que le decía a su supuesto paciente que se apurara al bajar las escaleras.

Ella le hacía de bastón, pero a la vez él tenía su andador. Ella lo arrastraba, él tiraba. Ella iba tres escalones adelante, él iba tres escalones atrás. Y ella le dice: Ay, este ascensor que nunca anda, no puede ser, no podemos estar perdiendo el tiempo todos los miércoles así. ¿Te podes apurar? Vamos, vamos”. Y él con su estilo dandy le dice: “pero, si hay tiempo”. “No, no hay tiempo”-exclama ella.

Él le vuelve a decir “pero, si hay tiempo”; a lo que a la vez agrega: “mira querida, en el hospital todos los días son iguales, lentos, vacíos, lo que sobra es el tiempo”.

En ese momento, sentí un nosotros porque dijo aquello que yo pensaba y no podía decir. Pero, ¿por qué no podía decir? ¿Por el trato subordinado? ¿Por qué no podía desobedecer a quien me mandaba?

No importa, bah si importa, pero no importa porque alguien lo dijo. Él lo dijo, lo dijimos, lo gritamos.

Las cosas parecían complejas, pero no lo eran. Las cosas eran simples, el tiempo era simple.

Pareciera que uno quiere ganarle constantemente al tiempo. No hay tiempo en nuestra práctica para que alguien nos detenga en el pasillo del hospital, para que alguien delire, para no tomar una medicación, para hablar con otros en vez de que todo quede en un historial clínico, para sentarnos a pensar nuestras prácticas con otros, y mucho menos hablar de accionar en lo paulatino.

Nos creemos héroes al competir con las agujas y al decirles a ellas que no importa cuán rápido se muevan, nosotros nos movemos más rápido porque podemos más, porque hacemos más cosas, porque nos medicamos contra el tiempo del no tiempo. Eso es que nada pase, eso es el encierro, ese es el verdadero encierro.

El del interno en el hospital también es encierro, es real, se piensa real, se siente real. Los muros caminan hacia ellos arrinconándolos.

Pero, nosotros…nosotros ni siquiera estamos arrinconados, ya no estamos porque aniquilamos nuestra posibilidad de ser al inventar lógicas de encierro. Que a los que primero encierra es a nosotros en nuestro discurso médico y no nos podemos dar cuenta. Caemos una y otra vez al ir tres escalones adelantados y él todavía no está aniquilado porque puede decir que “hay tiempo”; porque elige detenerse en el poder ser.

Nosotros que vamos contra el delirio, resulta ser que el delirio es lo que nos permite decir. ¡Y no!, discúlpenme los profesionales de la salud, que cargan su guardapolvo blanco con orgullo de hecho y derecho, al decirles que en el delirio también hay deseo.

No es cuánto hacemos y corremos lo que vence, mata al tiempo. Lo único que puede contra el tiempo es el deseo y el deseo se cuela ahí donde el delirio tiene espacio para ser y para decir y tiene tiempo porque el deseo nunca muere en su constante empujón de apertura.

El deseo desea delirar. El delirio desea deseo.

El deseo desea bajar la escalera. El delirio desea deseo de bajar la escalera.

El deseo inventa tiempo para el tiempo. El tiempo inventa tiempo para el deseo.

Ah, y de hecho, ¿por qué matar el tiempo? Si abarcar mucho para matar el tiempo y encima, luego poco apretar, entonces, no sé cómo seguir hablando de nuestras prácticas. Bah!, no es que no sé, sino que no puedo saber porque alguien ya decidió por mí que debía ser prohibida de ser.

Y que el ascensor iba a cerrar por mí las puertas, y que alguien iba a presionar el botón del ascensor, y que iba a estar en silla de ruedas, y que no tenía tiem….no lo mencionemos a ver si nos hace algo.

Ah, pero…bueno será otro día porque parece ser que alguien tocó la alarma del ascensor y se volvió a quedar… ¿encerrado? Quizá, tal vez, no lo sé, puede ser, etc.

Será que el hospital ya no es sólo el muro físico. Será que el hospital es difuso, y que el encierro juega a encerrarnos ahí donde el encierro dice no tener lugar para habitar, pero tiene espacio.

Luciana Cantisani

miércoles, 6 de abril de 2011

"Tener o no ser"

Sabemos entender al futuro, sabemos curar enfermedades terminales, sabemos odiar, sabemos evitar o ganar una guerra, sabemos una energía nuclear, sabemos distinguir entre amor y soledad, sabemos a los más y mejores intelectuales, sabemos llegar a la luna, sabemos los tiempos de las siembras y las cosechas, sabemos como no morir prontamente, sabemos al hijo como lo más preciado, sabemos disfrutar del arte en todas sus formas, sabemos cuando es chamullo; sabemos al fuego, al barco y la rueda como invento de inventos, sabemos manipular el planeta. Sabemos a la religión como el comodín de nuestra negligencia, el único numero de la rifa que no compramos.

Pero hay algo que por simple que parezca no sabemos: “ser”. Nadie nos enseño a ser o quizá si, pero igualmente preferimos adoptar un término surgido en la década del 90, que al fin daría “justificación intelectual” a tanto narcisismo por venir, al fin un sinónimo para la palabra injusticia, me refiero a globalización. En el diccionario de la real academia de la globalización, ser significa tener. Y quien no tiene nada (material, por supuesto), pues entonces es nada, es nadie.

Un pibito de unos 6 años, solitario en el subte, pidiendo una moneda y un saludo con la mano, para la globalización que me enseñan, es nadie. Entonces no sólo se le niega la moneda sino (y lo que es reverendamente inhumano) que se le niega la mano, el saludo.

Desde niño se cría recibiendo nuestra hostilidad. Una de las tantas herencias que le vamos a dejar, junto con un planeta devastado, una sociedad cada día más egoísta y un sistema cada vez más depredador.

Lo vemos y entonces vemos la sección policial de los diarios, vemos conurbano, policías en acción, un Guillermo Andino desahuciado por temor a que un día le llegue su día. Porque socialmente, no conocemos más nada que no sea lo que vemos por “latele”. Porque nos cruzamos constantemente con la realidad, pero igualmente preferimos verla, deformada por tele.

Nos cuesta ver en él, un hermano, un hijo, un sobrino. A una persona. Le negamos las migajas, porque lo queremos todo, porque nos importa una mierda todo lo exógeno a nosotros. Porque estamos apresurados en ser lo que la Globalización exige que seamos: Profesionales desalmados. De saco y corbata que no comprenden que su miseria más grande es la carencia espiritual, la falta de cultura.

Dicen los de traje:

_ Si le das una moneda, se la da al padre y este se lo chupa.

_ A veces le doy, pasa que si le das, el gobierno no hace nada, y además ellos se mal acostumbran.

Cómo si al darle una moneda pretendemos que todos sus problemas queden absolutamente resueltos: seguramente se compren una casa, se anoten en la escuela, los proteja Swiss medical, su padre consiga trabajo en Techint y todo gracias a nuestra moneda.

Juzgamos que darles dinero para que se tomen un vino está mal. Cuando en realidad es todo lo que pueden hacer con la moneda que le damos, y con lo que tienen a su alcance, sus circunstancias. ¿En serio pretendemos que lo ahorren o se compren un libro de informática? Porque si es así somos más estúpidos que las vacas. Si así son felices, entonces por qué nos molesta esa pequeña felicidad. O salvo, que realmente estemos preocupados por su salud y queramos que se abstengan del alcohol, del poxi. Algo que me suena a hipocresía.

Pero hay algo seguro, mientras se da este debate moral comandado por el bolsillo. Mientras decidimos si le regalamos felicidad momentánea o cuidamos de su salud, les negamos el saludo.

Un apretón de mano fuerte con una mirada a sus ojos, una sonrisa, ahí lo vas a ver y él te va a ver. Vale más que la moneda que le podamos llegar a dar.

Me parece que es lo mínimo que podemos hacer por un mocito que tendría que estar jugando, o en la escuela. Pero que injustamente está ahí viendo al rubio mundo que lo rodea.

¿Cuánto más le faltará, para que se le termine la gracia que la edad le condona?, ¿cuánto más para tener que crecer y comenzar labores de adultos?, ¿Cuánto para que su espera incansable se haga resentimiento inevitable?, ¿cuánto para su primer entrada a la comisaría? ¿Cuánto para que los policías le “expliquen” quien manda?

No se cómo describirlo, pero no es precisamente lástima lo que siento cuando los veo, siento vergüenza de mi, de mi comunidad, de mis iguales que los ignoran tanto o más que el gobierno, como si no tuviésemos nada que ver en sus naufragios.

Evadimos la mayor cantidad de impuestos posibles, fomentamos a los jóvenes cerebros para que se dediquen a las finanzas; y aunque parezca gracioso o desatinado, definitivamente, permitimos que Ricky Fort esté en la tele que ellos ven. Nietos de abuelos sin trabajo, hijos de padres sin trabajo. Que le hicimos creer que si al campo le va bien, a ellos les va a ir bien. Que si la bolsa cierra en alza, a ellos les va a ir bien. Que el fútbol es su única salvación. Que tengan esperanza, obediente esperanza, porque Díos quiere más a los que menos tienen. El mismo Dios que le imponemos para que nunca lean al Che, a Marx, a Galeano. Para que en navidad reciban la caridad que las madres del Champañat School les dan y, por supuesto, se lo agradezcan. Para que no se les ocurra soñar, porque para soñar hay que saber eso que se llama futuro y que, como dijo alguien por ahí: “el futuro es un lujo que solamente aquellos que comen todos los días se pueden dar”.

En resumen: para aceptar con resignación que Macri les muestre su inmaculada dentadura al hablar.

Todo esto es algo que no sabemos y que mucho hacemos, conciente o inconcientemente, para fomentarlo.

Entiendo que ejercer la conciencia en un mundo donde la ética se ha desprendido de toda práctica profesional, donde las mejores mentes de las matemáticas migran hacia las finanzas; donde los hinchas de fútbol han hecho de su euforia una industria; donde el banco del Vaticano ha tenido las más y mejores extraordinarias ganancias que cualquier otro banco pueda tener. Donde las cárceles ahora también cotizan en bolsa. Donde la filosofía es vista como pensadora, pero no hacedora. Donde la palabra crisis ya no significa oportunidad o cambio, sino más de lo mismo. Es de esperar entonces, que también dejemos de “ser”.

Muchas veces pienso que me gustaría ser menos politizado, escribir sin tanto entusiasmo, discutir sin tanto ardor, hacerme un poco el distraído ante tanta injusticia, volver a esos años de feliz ignorancia; pero luego pienso que de ser así seríamos personas muy distintas de la que “hemos” elegido ser.


Facundo Riera.

lunes, 14 de febrero de 2011

"Volver al Pasado"

Como una de las tantas veces que la imaginación se nos dispara, catapultada por algún pensamiento, sueño o recuerdo, mi imaginación se vio una vez más amenazada, tomo vida propia y se fue. Sólo quedo mi cuerpo vacío como esperando desinflarse sosteniendo un libro que ya no podía continuar siendo leído. El motivo de dicha fuga fue un nombre: Alejandro Riera. En “La Patagonia Rebelde” de Osvaldo Bayer, libro muy popular, se cuenta la historia de los fusilamientos de unos 1.500 trabajadores patagones (peones y obreros), que iniciaron una saga de huelgas a sus patrones por mejoras salariales, reducción de las interminables jornadas y mejores condiciones. Esto se inicio en las postrimerías de los años 20 en la provincia de Santa Cruz y zonas aledañas y terminó con la matanza final, en el año 1922, llevada a cabo por el entonces Teniente Coronel Benigno Varela. Y digo que puede ser conocida porque además del libro, este pedazo de escritor es también guionista y en los años 70 fue llevado al cine. Film protagonizado por Federico Luppi, Pepe Soriano y Héctor Alterio entre otros. Y que obviamente recibió el mejor elogio que un escritor que cuenta verdades en épocas de mentira puede recibir, la censura.

Entonces este tal Alejandro Riera, fue nombrado junto a otras nueve personas (todos gallegos) que llevaban a cabo una reunión para ultimar detalles acerca de las huelgas, esto ocurría en la asociación obrera de Río Gallegos, Capital provincial. Cuando entró la policía a punta de armas y se los llevo a toditos acusándolos de anarcosindicalistas.

No pude proseguir mi lectura. Inmediatamente comencé a pensar en mi tío abuelo, ese que no conocí y que me hubiese gustado hacerlo. De pronto recordé que en otros de mis anteriores viajes intergalácticos de realidad no ordinaria tuve la suerte de entablar una linda relación con Christopher Lloyd (el excéntrico científico de “volver al futuro”) entonces me le fui a verlo para convencerle de que me prestara la máquina o auto del tiempo, más conocido como Delorean, y luego de una extensa charla en la que me contó lo mal que lo había tratado el paso del tiempo a él y a su máquina ya deteriorada ( lo que me hizo pensar la ironía de la vida) pues entonces me lo prestó, pero con dos condiciones: 1ra. Lo tenía que devolver el lunes a más tardar, ya que el martes tenía turno para el taller, le iban hacer cambio de aceite y filtro; y la otra condición que para mí, más que condición fue un honor, llevarlo conmigo al gran Michael Fox. Además este era el único capaz de trasladarme a los años 20.

La cuestión es que, luego de ponernos al día con Michael, luego de haberle confesado que sus películas recién me gustaron de grande. Confesión que creo una atmósfera de sinceridad sin estribos y él, llorando y temblando producto de su mal llevado parkinson me confesó lo mal que le hizo la fama. Como suele sucederles a personas que aún son muy jóvenes como para saber sobrellevarla.

Tratando de levantarle el ánimo – repuse: _ ¡Por eso yo me voy a ser famoso una vez muerto! Al fin pudiéndole robar una sonrisa a ese que tantas me quito.

Nos pusimos en marcha, marco en la computadora de abordo el año, el día y la hora a la que viajábamos y partimos con el Delorean cagando fuego.

Mientras viajábamos plácidamente en el espacio y el tiempo, tomando unos mates aproveche el momento para hacerle una pregunta a Michael que no podía evitar.

__ ¿Teniendo una enfermedad terminal y una maquina del tiempo a la vez, como es que no te has hecho un viajecito al futuro más cercano en el que el Parkinson sea curado con la sola ingesta de una pastilla o una inyección como si de un dolor de cabeza o resfrío se tratase? A lo que me respondió: _ Dios así lo quiso, es el precio que tengo que pagar por mi fama, por esas noches de grandes excesos.

¡Guau! –pensé- este tipo la debe haber vivido en grande. Y su tono sonó tan seco como seguro en sus palabras, por lo que decidí no insistir. Aparte es muy común que quienes alguna vez supieron gozar de una fama repentina, luego, una vez evaporada ésta, se vuelquen a estupefacientes como: drogas, alcohol o religión.

Finalmente llegamos y de forma estrepitosa como sólo el Delorean lo puede hacer. Dos señoras sentadas mateando bajo la galería de la única casa de la zona, al ver estrafalaria aparición se comentaron una a la otra _ ¡Ha visto Albertina, cose mandinga! Indudablemente estábamos en Argentina en los años 20. Nos acercamos a la casa y comienzo a escuchar una voz familiar, me concentro y logro oír una voz muy parecida a la de Mirtha Legrand en la radio y que justamente estaba refiriéndose al conflicto de la Patagonia:

_ ¡No puede ser, estos anarquistas que no quieren trabajar, en la Argentina nadie quiere trabajar che. Así, no!

No puede ser, (me digo) no me dan los números, les pregunto a las señoras si es Mirtha, y me responden _ Claro, La Chiqui, como sorprendidas de mi ignorancia.

Les pido si tienen el periódico del día, cuando me lo dan veo que estamos en los años 20, pero me percato de que no estamos en Santa Cruz, no sólo porque el diario dice Bs.As. (motivo más que suficiente) sino que además cuando lo comienzo a ojear, dentro, debajo de página, muy pequeño veo una inadvertida nota concerniente a la huelga ocupando un diminuto espacio formado por un rectángulo perfecto de 4 x 8cm. como no se puede esperar otra cosa de un diario porteño y unitario, cual lejano sur tiene más que ver con Chile que con Argentina. Mientras que la nota de tapa reza acerca de la Ley Seca en EE.UU.

Salimos con Michael despavoridos para Santa Cruz, en el viaje le voy contando detalles.

Una vez que llegamos a Río Gallego, preguntamos por la comisaría hasta que atinamos con ella. Me bajo solo, porque Miky me dice que es asunto de familia y él no tiene nada que hacer, mientras tanto se queda revisando el Delorean que recalentó un poquito.

Ingreso a la comisaría y pregunto por mi tío abuelo. Un hombre robusto y marmolado en sus rasgos gallegos y tehuelches indaga sobre quien es mi tío abuelo, a lo que respondo _ Alejandro Riera, con una voz cargada de orgullo advirtiendo luego que este defecto o virtud no es bien visto por esos lares. Desinflo el pecho y pregunto si podría verlo, esta vez cargado de amabilidad que por ser poco vista, es también muy efectiva.

Luego de esperar una hora aproximadamente, en la que me deleito con una parodia del himno argentino proveniente de las celdas de unos anarquistas (quizá para provocar a los guardias) que cantaban: -¡Y los niños del mundo responden, dame pan, dame pan, dame pan!- Lo que provoco en mí una verdadera risotada.

Finalmente viene mi robusto amigo policía y me dice que puedo pasar, pero un ratito nomás, ya que esta por caer un preso muy peligroso y no puede haber nadie exógeno al recinto.

Me lleva hacia la celda de mi tío y ahí lo veo, tiene un aspecto cansino y descuidado, parece tener unos 35 años aproximadamente, me ve y me pregunta quién soy. Me presento como Facundo solamente. No quise darle mi nombre completo ni de donde vengo ya que es largo de explicar y tenia muy poco tiempo para poder interpretar esos jugosos años de la historia, que nuestros maestros han decidido silenciar. Quise en cambio escuchar lo que esa persona tenía para contar, su historia.

Empecé por preguntarle su edad, lo que me sorprendió cuando me contó que tenía 26 años.

_ ¿Sos periodista?

_ No, interprete de la historia- respondí

_ ¿Que es eso?

_ Algo así como alguien que quiere saber la verdad, pero por sus propios protagonistas.

Luego sin más preámbulos ni eufemismos opte por ir al grano.

_ ¿Es verdad lo que dicen, que sos anarquista?

_ Sabes lo que pasa Facundo, que cuando alguien nunca vio llover, una garúa es chaparrón.

Pienso en sus palabras y aunque las entendí claramente, prolongo un silencio tratando así de que se explaye, y lo logro:

_Cuando se pide a los patrones más de dos comidas por día, –continua- un día de descanso, que las jornadas tengan fin, aumento de salarios, que las habitaciones de 4 x 4 en la que dormimos amontonados a veces de hasta 7 tengan ventilación, mientras los animales tienen mejor suerte en los establos. Cuando pedimos baños con agua caliente, necesitamos dormir en colchones con frazadas, ni siquiera pedimos camas, pedimos velas, también pedimos tener otra muda de ropa o dinero para obtenerlas por nuestra propia cuenta, no trabajar los días que nos encontramos enfermos, una revisación medica no estaría de más, muchos mueren de pulmonía por no permitirles sus patrones ser tratados como corresponde. Cuando estas inquietudes son llevadas a los patrones, es de esperar que nos traten de anarquistas o como mierda sea. En definitiva, lo que exigimos es ser tratados como personas ¿tan difícil de entender es eso? -Sigue- Te voy a decir algo: Siempre que el débil luche por sus derechos y esa lucha atente contra la perpetuidad del fuerte, que precisamente son quienes violan esos derechos, cuando amenacemos sus plácidas y lujosas vidas, pues entonces estos últimos van a utilizar todas sus influencias, dinero y poder para desdibujar las cosas llamándonos anarquistas, comunistas, ladrones, haraganes, etcétera.

Mientras me dice estas palabras no puedo dejar de pensar en el caso de Medio Oriente y EE.UU., en el que este último tilda al anterior de terrorista para ser avalado por todo el ignorante mundo mientras roba cuantos recursos naturales tengan estos. Pienso en las palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano, dando la receta para obtener un terrorista: “Invade un país cualquiera, toma un padre de una familia cualquiera, prívalo de transitar libremente, bombardea la fabrica en la que trabaja, bombardea la escuela de sus hijos, matando a uno y dejando a otro herido para que este lo lleve de urgencia al hospital, el que nunca lo atenderá ya que también será destruido, entra a su casa mata a su señora luego de violarla, despójalo de cuanta riqueza y dignidad tenga y ahí tendrás un terrorista”. (Sepan disculparme mis estimados lectores, es una licencia literaria que no puedo evitar)

Volviendo con Alejandro, este prosigue con sus sobrados argumentos de lo injusto de este proceder- me dice que- Mientras el señor feudal no logre concebir que el fruto más preciado de la tierra es el hombre y no el fruto en sí, vamos a seguir siendo tratados peor que a los animales. Exigimos que nos reconozcan como sindicato._ ¿Sabes por qué queremos una reducción de la jornada laboral?- me pregunta.

_ No

_ Para estudiar, para terminar la escuela, para aprender a leer y escribir, para no sentirnos inferiores a nadie, para ser tratados como iguales, para defendernos de quienes quieren liquidarnos por el solo hecho de que existimos en grandes cantidades.

Me es inevitable pensar en la natural sabiduría de esta persona y cuan lejos llegaría, teniendo la posibilidad de estudiar, pero así de mal están las cosas. Estos obreros rurales que a sabiendas o no, están refutando a Marx, ya que no hacen falta industrias para que el obrero tome conciencia de clase.

Cuando estamos en lo mejor de la charla, llega el guardia para decirme que me tengo que ir y a empujones me lleva. Levanto la voz para despedirme de mi pariente, le prometo que lo voy a contar a quienes quieran escuchar. En ese momento veo en el largo pasillo como entran a un reo con más custodia que la reserva federal, cuando se acerca observo que es apenas un adolescente de escasa estatura y unas orejas muy llamativas, advierto que se trata del famoso “petiso orejudo”, el asesino de niños con un prontuario que conmociono a la sociedad argentina en esos años; y debo reconocer que cuando paso frente a mí, me invadió una ola de temor que nunca antes había experimentado. Logre escuchar que lo estaban trasladando al polar penal de Ushuaia ya que de todos los anteriores lo habían expulsado por su bélica conducta y como un temporal azoraba las inmediaciones se decidió que el presidiario pasase la noche en aquella comisaría.

Finalmente pude continuar a pesar de mi estupor. En la salida ya, me encuentro con un numeroso grupo de personas reclamando por la libertad de los trabajadores. Y como dentro de la comisaría pude oír que en unos instantes cuándo llegue la orden, comenzarían a reprimir, trate de advertirles a los que más pude antes de irme, ya que no me podía quedar ahí, debido a que el riesgo era mayor y yo le había prometido a mi tío denunciar lo que ellos no. Entonces recordé a Chaplin (ese inocente comunista) cuando cruzando una calle, en medio, ve una bandera extendida en el suelo, la levanta tomándola del cabo, en busca de su dueño, e inmediatamente dobla en la esquina una manifestación comunista, los de la primera fila lo toman de los brazos a la pasada haciéndolo encabezar la misma, éste, impotente, sacude los brazos y de esa manera a la bandera que a pesar de las imágenes daltónicas de la época se puede apreciar claramente que es roja, y que para su mala suerte al instante llega la policía y como siempre, tiene que salir corriendo.

Pues entonces decido irme, no soy Chaplin (aunque me gustaría), aparte Michael me esta esperando. Me subo al Delorean y salimos. Michael había ido a pedir agua caliente para los mates de la vuelta, yo le sebo mientras él maneja, me pregunta como me fue, a lo que contesto: mejor de lo que pensé. Realmente valió la pena.

Esto es un humilde homenaje a los 1500 trabajadores que no pudieron contar la historia, entre ellos mi tío abuelo. Fueron cobardemente fusilados por orden y gracia del Coronel Benigno Varela que primero les hacia cavar sus propias fosas antes de matarlos, aunque varios fueron sepultados estando aún vivos.

Estas series de faenas y asesinatos a mansalva, comenzó a fines de 1920 y finalizo en enero de 1922.

En la noche buena de 1922 la Sociedad Rural y la flor y nata de la afortunada sociedad levanta las copas por el teniente Varela como el héroe de La Patagonia. Muerto el perro, se acabo la rabia.

El 27 de enero de 1923 un ferviente anarquista alemán recientemente nacionalizado, Kurt Gustav Wilckens, espera al Coronel Varela en la puerta de su casa de Bs.As. en Palermo, cuando el Coronel sale, Wilckens lo increpa arrojándole una bomba casera que los deja mal heridos a ambos ya que cae en medio de los dos, el Coronel Varela no logra desenfundar el arma a tiempo, pues entonces el anarquista vacía el cargador de su Colt, dos tiros son suficiente para acabar con la vida de Varela, logrando finalmente la anhelada justicia para sus paisanos ideológicos. Como producto de las esquirlas, queda Wilckens con las piernas destrozadas impidiéndole el escape, finalmente es capturado. Al tiempo dentro del penal, se encontrará su cuerpo sin vida. Hoy es un Mártir. Quienes lo conocían, aseguran que murió gritando: ¡Que viva el trabajador, que viva la anarquía!


Espero que no los haya aburrido con mi tardía denuncia. Sépanme disculpar, es que se lo prometí a mi tío abuelo.

Hoy me voy a dar el atrevido lujo de firmar con un seudónimo literario: Alejandro Riera.


(Esto es algo que escribí hace un par de años y que nunca imaginé que su divulgación iba a ser producto de casos similares al de este relato, con la abrupta diferencia de unos 90 años después. Pero como en muchos de los campos argentinos sigue vigente la ley que hizo al granero del mundo, es para mí menester la publicación de esta mezcla de fantasía y realidad que espero sirva para entender cuan diferentes somos de aquellos que repiten hasta el hartazgo que: “el campo somos todos”)

jueves, 16 de diciembre de 2010

"Se Trata de Personas"


La “Trata de Personas” consiste, básicamente, en la captación y traslado de personas con fines de explotación tanto de hombres, mujeres como niños, en la mayoría de los casos con fines de prostitución, de extracción ilegal de órganos o tejidos humanos. Y es un tema del que creo que poco se habla y casi nada se sabe. Cada vez que me cruzo, sin querer o no, con noticias o informaciones al respecto me causa gran bronca e impotencia. Creo que estos deben ser algunos de los motivos por lo cuales me surge escribir sobre este tema.
Si bien la promulgación de la Ley 26.364 sobre la Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas, aprobada y promulgada en abril del 2008, ayudó y ayuda a las investigaciones, sanciones y asistencias respectivas pero, obviamente, no es suficiente. Sobre todo teniendo en cuenta que Argentina es un país de captación, destino y explotación de las victimas; todo el circuito tiene lugar en Argentina.
Con esto no estoy queriendo decir que sea una problemática exclusiva de nuestro país, porque quienes conocen algo al respecto sabrán que es una problemática que se da a nivel mundial, y que las mafias más importantes que trabajan con esto lo hacen a nivel internacional e intercontinental.
Ahora, cuando uno ve, lee o escucha sobre estas cosas se hace una pregunta que se responde casi automáticamente: ¿Por qué pasa esto? Porque es un gran negocio. Y sí, con las vueltas que ha dado el mundo, no es de sorprender que existan personas que busquen y encuentren la manera de adquirir dinero y poder en demasía a costa del sufrimiento, vejación, humillación, abuso y violación de otras personas.
¿Personas dije? Bueno, el negocio es tan grande y existen muchísimos casos que quedan encajonados o impunes porque, justamente, no son solamente personas sino redes u organizaciones (y en muchos casos con gran poder) las que están detrás de este negocio.
También considero que la existencia de casos así no es gracias, solamente, a estas aberrantes organizaciones y a los casos de “justicia” que mira para otro lado. Considero que es algo más complejo. Quién pueda estar leyendo esto dirá: ¿Y yo que tengo que ver o que puedo hacer al respecto?
En este sentido, sé que existen movidas de personas que tratan de sacar los papeles que se suelen colgar en teléfonos públicos, paradas de colectivo (que se entregan en mano también) con la idea de que “si no hay oferta no hay demanda”. Movida que suele ser algo peligrosa porque las mafias que están detrás de esos “papelitos” se encuentran al asecho. Además, ya que hablamos de oferta y demanda y de la familiaridad que puedan tener los lectores y lectoras con esta problemática, no podemos ser tan tontos de pasar por alto de que este negocio se sustenta por las personas que acuden a esas redes de prostíbulos y pagan por tener sexo con una de estas victimas. Y ese cliente podes ser vos o alguien que conoces muy bien. Es decir, no pensemos que es algo ajeno o que nunca nos va a tocar de cerca porque vos podes estar incluido/a en cualquier parte de la cadena y del negocio mismo.
Asimismo, creo que la circulación de información al respecto es muy importante porque entiendo que, más allá de los casos de secuestros a la fuerza, la mayoría de casos de captación de víctimas se dan por promesas de trabajo por personas que conocen al momento de la promesa laboral. Lo que, además, deja entrever que la víctima debe estar en situaciones extremas. Pero no es la única manera, las técnicas que utilizan van desde el noviecito que la obliga a prostituirse, hasta padres que entregan a sus hijos/as a estas personas por grandes deudas que tienen con ellos; sí, increíble pero cierto.
No soy un experto en la problemática pero mi intención era de ayudar a informar a quienes no estén al tanto y de ponerlo como disparador para que lo pensemos y comentemos, pero sobre todo que actuemos desde donde podamos para que estas cosas no sigan sucediendo.
Fer Irigoyen

Oficina de Rescate y Acompañamiento a Personas Damnificadas por el Delito de Trata de Personas - (011) 5300-4014 / 5300-4042 – oficinarescate@jus.gov.ar

sábado, 11 de diciembre de 2010

"Necesito hablar de Mauricio Macri"

Micky Vainilla

Mauricio Macri es campeón del mundo en abordar temas de forma superficial, básicamente de eso se trata y se ha tratado toda su plataforma política. Pero lo ocurrido en el parque Indoamericano en estos días es la gota que rebalso mi vaso.

Para tratar de entender el cerebro de Macri (para entender el problema Macri, para dejar de lado la superficialidad) tendríamos primero que hablar de su progenitor.

De ese italiano que llegó al país, como muchos otros, perseguido por la segunda guerra, el hambre y los piojos. Que inmediatamente comenzó a trabajar de obrero para así poder forjar todo eso que hoy es. Pero que indudablemente fueron los años de plomo, los que lo catapultaron a lo más alto del establishment local. En esos años, apenas antes de que los militares entregaran el poder a la democracia alfonsinista (1982), hicieron un último gesto antipatria, la última de las entregas; junto a toda la cartera económica del momento (Roberto Alemann, Martínez de hoz en la idea y Cavallo en el Banco central), por alguna cipaya razón decidieron transferir la deuda de empresas privadas argentinas a la deuda pública, es decir: anexaron la deuda privada a la pública. En un trís la deuda externa argentina había sumado a su cuenta unos flamantes 40.000 millones de dólares provenientes de empresas como las de Franco Macri entre muchos otros (como la Sevel, actual Peugeot; Simeco, empresa costructora por él fundada y precursora de las hoy Dicasa, Iecsa). Por supuesto que aquí la intervención estatal fue bien recibida.

Pero he aquí un desmemoriado jefe de gobierno que ha olvidado que su padre tiene mucho que ver en tanta indigencia. Indigencia a la cual Mauricio se refiere de forma xenófoba, olvidando que su padre también fue un inmigrante sin techo

Sería bueno que este intendente vaya sabiendo que si Argentina ha logrado ser algo, es en gran medida, gracias a los inmigrantes. Si fuimos el granero del mundo, fue gracias a la sumisión de los inmigrantes; si Perón llevó a cabo la ISI (industrialización por sustitución de importación) fue gracias a los inmigrantes; Puerto Madero fue levantado con mano de obra migrante, mano de obra de la vecinísima villa 31. Aunque el problema de Mauricio no es la migración en si, sino que los hoy inmigrantes no tienen el aspecto europeo de los anteriores, lo que nuevamente pone en manifiesto su abrupta ignorancia.

Pero sepa mi estimado que migrar libremente es uno de los derechos humanos que conforman al pacto San José de Costa Rica, y que usted como dirigente tendría que saberlo. O al menos tener la intuición.

El hecho de que un centenar de personas tomen terrenos estatales, no tiene nada que ver con la delincuencia, que de seguro los hay como también los hay en Puerto Madero. Esto es más profundo, aquí hay gente que no tiene donde vivir, que a pesar de que trabajan no tienen acceso a una vivienda. Problema no resuelto ni por el gobierno de la ciudad ni por el gobierno nacional (y que éste último además, me parece oportuno remarcarlo, tiene una cordial relación con Franco Macri, quien hace lobby para Argentina en China). Que no han sabido frenar ni regular los altísimos precios de ventas y alquileres. Que mucho hicieron para fomentar que cada casa tenga su plasma, pero poco para la adquisición de viviendas de los asalariados.

Aquí hay gente disconforme manifestándose, con hijos, bebes en brazos, que definitivamente no tienen ganas de estar pasando eso malos momentos, pero están hartos cansados de que nadie los escuche, de que les tomen el pelo. De ver por la televisión a su Jefe de Gobierno anunciando que recupero el teatro Colon “para todos los argentinos”. De saber que el gobierno macrista ha destinado más dinero del presupuesto porteño a negocios financieros que a desarrollo social, y los resultados son estos.

Cuando Mauricio quiere meter bala a estas personas que no tienen donde vivir, no puedo dejar de pensar en la ironía que nos presenta la vida. Qué justamente sea el hijo de uno de los máximos artífices de nuestra deuda el que les hable de ética ciudadana a los sin techos. Que no tienen casa pero que igualmente le deben alrededor de 3.500 dólares cada uno (porque esto es más o menos lo que debemos cada uno de los argentinos a las entidades internacionales de crédito) a una entidad financiera llamada F.M.I para saldar una deuda contraída por papá Macri y gente de su estirpe. Dinero que jamás llegó al pueblo en ninguna de sus formas. Una deuda ilícita, que como bien dijo el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, se les debe una explicación a los pueblos latinoamericanos.

Entonces es cuando les dice que “no va a negociar con personas que han cometido un delito”, y es cuando a mi se me desata el ombligo de risa. Una persona que no conoce el sanguche de mortadela, nunca escucho Rock y estudio en la UCA (a esto último no lo se, pero lo presiento) les habla de ética a personas que no tienen casa y tienen hambre. Una ética que de seguro no tuvo ni tiene su padre, quien económicamente esta salvado; entonces porqué esperar que la tengan personas que ven al futuro como una palabra lejana e inentendible.

Permítaseme decir algo acerca de la delincuencia, palabra que junto con inseguridad estremecen a mi sociedad: yo creo que en las cárceles existe una gran cantidad de buenas personas que les ha tocado pasar por malos momentos, circunstancias no deseables, perejiles, ladrones de gallinas, rehenes de malas políticas.

En cambio, Franco Macri hace lobby en China, Cavallo da clases de economía liberal en EE.UU., Menem es protegido por sus honores de diputado. Yo creo que estos son verdaderos delincuentes: personas que teniendo la posibilidad de elegir, de ser éticamente correctos, de encontrarse en extraordinarias circunstancias, igualmente optan por quebrantar la ley moral y escrita, por cagarle la vida millones de personas. Eso es delincuencia.


Facundo Riera

sábado, 27 de noviembre de 2010

"Desmanicomialización: Me paso algo..."

Me pidieron que escriba algo sobre desmanicomialización. Esta persona me hizo este pedido porque también le pasó algo, no sabemos cuál fue el disparador pero algo le pasó.

Cuando empiezo a pensar y sentarme a escribir sobre desmanicomialización tengo la sensación de no tener ni una sola certeza, y eso es lo que me pasa. Si bien podría ponerme a enumerar los tips que la explican claramente, siento que con eso no pasa nada (hoy 25 de Noviembre del 2010 se aprobó en el Senado la Ley Nacional de Salud Mental que incluye muchos elementos que pregona la Desmanicomialización; palabra que la Institución Microsoft Office y su Word todavía no aprobó y por ende no reconoce).

Me dan ganas de empezar contando una situación en uno de los servicios. Esta escena supongo que es real, pero seguramente también tiene detalles ficticios. Supongamos que dentro del hospital Borda hay una organización con fines artísticos y desmanicomializadores. Supongamos que en esa organización hay talleres con distintas disciplinas artísticas. Supongamos que en uno de esos talleres se hace Circo, y que ese taller tiene su espectáculo. Supongamos que uno de los integrantes tiene ganas de empezar la primaria y les pide a los coordinadores que lo ayuden. Supongamos que se consigue un espacio donde empezar inmediatamente a estudiar, supongamos que este lugar queda a 7 cuadras del hospital, supongamos que este lugar no tiene las trabas burocráticas características de toda institución educativa. Supongamos que las maestras le dicen a este integrante que puede empezar ya, que los horarios los van manejando en función de las necesidades de cada quien, que los van programando día a día, que no hay que anotarse en ningún lado para pedir vacante, que no hay que llenar ningún formulario, que no hay que pagar. Supongamos que lo único que se necesita para ir a estudiar es el deseo.

Supongamos que los coordinadores ingenuamente van a comunicarle esta noticia al jefe de servicio del "tallerista" en cuestión. ¿Para qué? Para trabajar en equipo, para acompañarlo en este proceso, para que se empiece a mover, para que recupere algo de sus herramientas perdidas en el otro proceso, el de institucionalización. Para que recupere algo de su autonomía, para que pueda valerse por sus propios medios, para seguir dándole cuerda a ese deseo que él se ocupo de volver a mover. Para que pase algo (la letra cursiva me da a movimiento).

Las primeras respuestas fueron: “es muy lejos”, “no tiene el DNI para inscribirse”, “el ciclo lectivo empieza el próximo año”, “no puede valerse por sus propios medios”, “necesita la autorización del juez” ,“su psiquiatra está de vacaciones” ,“el jefe de servicio tiene licencia prolongada”. Se trataban de los queridísimos infaltables argumentos burocráticos. Fuimos eludiendo una a una cada respuesta: “queda a 7cuadras”, “no necesita inscripción, es un centro cultural”, “empieza cuando tenga ganas”, “estuvimos 10 días de viaje y se manejo de manera independiente”, “con la firma suya puede salir”.

Parecía que estábamos a punto de quebrar lo burocrático con la gambeta del deseo, estábamos felices, algo se movía, encontrábamos respuestas, no podíamos parar, estaban Pasando cosas. Hasta que…

La respuesta fulminante de la jefa de servicio, las que nos dejos sin más argumentos, sin aire, congelados en la eternidad del pabellón, la que nos volvió a manicomializar fue: “No. Le puede pasar algo”.

¡La respuesta desbastadora! A ella no se le resiste ningún argumento. Atenta contra el deseo, contra el movimiento, contra la desmanicomialización, contra la vida. Mejor que quede todo igual, así no pasa nada. Que no nos pase nada.

Que no pase nada anuncian los noticieros masivos de comunicación. Que no pase nada gritan los vecinos reclamando Seguridad. Que no te pase nada aconseja una madre cuando vas a salir fuera de casa. Que no les pase nada gritan los docentes y directores a sus alumnos en los recreos.

Por las dudas que no pase nada es el discurso del sentido común. Que no pase nada es el discurso de la Modernidad, el discurso de la razón. Esa razón que con sus cuerdas cordura corderos. Que no pase nada; es que no pase nada fuera de lo esperado, fuera de lo previsto, de lo convencional, fuera de lo común, de la norma, de lo tácito, del destino, de lo subyacente, de lo obvio, de lo natural, de los mandatos. Que no pase nada no da lugar a la sorpresa, a lo imprevisto, a lo diferente, a la incertidumbre. Que no pase nada nos condena. Que no pase nada nos vuelve a encerrar en los manicomios, en las cárceles, en las escuelas y en las familias. Que no pase nada nos encierra en el rotulo más estigmatizante, en el del deber ser.

Que no pase nada es que nos tienen que pasar las instituciones con sus certezas. Que no pase nada es poner piloto automático al consumo. Que no pase nada es peor que morir, es la muerte del deseo, uno cree que vive eligiendo y el único que elige es el imperativo “que no te pase nada”; porque para que no te pase nada viviendo hay que camuflar la vida. Que no pase nada es la manicomialización en su grado mayor de exponencia. Es la manicomialización, porque es la quietud de los cuerpos.

¿Cómo esta doctora no va a pregonar “que no pase nada”?, si a ella no le pasa nada.

Iba a hablar sobre desmanicomialización, contar un poco sobre las ideas, los conceptos. Las casas de medio camino, las internaciones a corto plazo y como último recurso, evaluadas por un equipo interdisciplinario, la decisión y libertad de las personas, el derecho a la vivienda y el trabajo, la prohibición de nuevos manicomios, la atención de la salud mental en hospitales generales, la atención ambulatoria domiciliaria, el vínculo con los lazos familiares y sociales. Pero esto se puede buscar, se puede leer, se puede repetir como el padre nuestro. Muchas de las cosas que ya dice la ley 448. Una ley promulgada hace diez años y que no pasa nada.

Me pasa esto. Me pasa contar una situación real con algunos toques ficticios. O quizás al revés, invente una historia con condimentos y pasajes de mis visitas hospitalarias. Quizás sean momentos donde habría que dejar de seguir repitiendo discursos, leyes y palabras vacías. O quizás no. No vaya a ser cosa que Nos Pase Algo.


Por Fernando Stivala