jueves, 16 de septiembre de 2010

"El gran defecto"

El sólo hecho de que el valor del dinero este dado por la efímera cuantía que las personas que lo poseen le dan, y a su vez, por quienes no lo tienen -y por ende- lo necesitan; es infinitamente estúpido. Tan estúpido que si abordamos el tema de forma seria, tendríamos que renunciar inmediatamente, ya que de no ser así correría riesgo un sistema sostenido por un simple pedazo de papel que por sí mismo no tiene valor. El oro primero, y luego, el dólar nos han abandonado, estamos respaldados en absolutamente nada. Sepámoslo.

A diferencia de muchas otras monedas-mercancías que han tenido valor intrínseco como la sal, el aceite, tabaco, pieles, oro en polvo, cacao, etc.; este goza de una inescrupulosa ineficiencia, pero que igualmente se mantiene por la simple holgazanería de quienes desean hacer dinero con dinero, sin tener que trabajar, sin tener que mover un sólo dedo. De aquel que advirtió que prestando la cantidad de, por ejemplo, 100 unidades de “X” moneda, podía recibir al cabo de un año 130 o 140 unidades de esa misma moneda. Donde personalmente creo que de aquí data la famosa frase “el tiempo es oro”. Estimados: Aquí firma sentencia de muerte el capitalismo. Es la misma creación del doctor Frankenstein quien lo mató. Será la codicia quien finalmente acabe con el capitalismo. A diferencia de los que muchos apresurados creen, Carlitos Marx (Filósofo, sociólogo, economista) estaba a favor del libre comercio, ya que este demostraría el lado más salvaje del sistema, la codicia y la corrupción hará que los desahuciados quieran un cambio, necesiten un cambio, que servirá para el aceleramiento de la tan ansiosa revolución.

Lo cotidiano de la vida, el apresuramiento, la necesidad de movernos siempre en masa, el inmediato rechazo a los impulsos de apagar “latele”, de no darnos tiempo a solas para pensar por nosotros mismo, para encontrarnos, para escucharnos (algo que cada día es más difícil de lograr), ha llevado a que este sistema pueda seguir operando con la típica impunidad de la tiranía.

Reconocidos hacedores de dineros, que la sociedad no vacila en tildar de exitosos, defensores a rajatabla, centinelas de lo establecido levantándose religiosamente todas las mañanas a ganar su Dios dinero. Pero que a diferencia del resto de los ñatos, estos, ganan “cantidades exorbitantes”. Apáticos asexuados que entienden por orgasmo, la ínfima suba del dólar.

Pero he aquí una contradicción: el hecho de no tener un fin especifico para ese dinero. Ellos hacen dinero por que así es como interpretan la vida, de eso se trata vivir. Es su pasión, y como tal, difícil de explicar. En cambio, el Diego quería un techo para su familia, mi amigo Cococho quiere irse de la casa de la madre, el Ruso quiere arreglar la chevi, Manola quiere hacer “la suya”, tranqui; a mí me urge Cuba. Tenemos una idea distinta del dinero, quizá y por qué no, hasta romántica. Pensamos en él como la herramienta hacia, y no, el fin. Es más, creo que es esto lo que mueve a los ladrones de bancos. A mis desafortunados ladrones del banco Río de Acasuso que espero algún día se los canonice. ¿No era esto, acaso, lo que movía a Robin Hood? “Ladrones de besos recuperando el tesoro de los inocentes”.

Nada más triste que hacer dinero por el sólo hecho de abarrotarlo.

Se lo dijo Homero al Señor Bernz: -¿Lo abraza el dinero cuando llega a su casa?

Un libro que está muy de moda por estos días: “Niño rico, niño pobre”, el exitoso padre enseña a su hijo rico, y también a su amigo pobre, a ser “grandes hombres de negocio”, algo así como un gurú de la economía entrenando a dos jóvenes para ser patrones de patrones. Enseñando los pormenores de la vida. Aunque incapaz, éste, de poder definir de forma acabada la palabra: felicidad. Esta neobiblia de este neoliberalismo no tardó en ser rererereeditada, ya que muchos jóvenes reacios a la lectura, como era de suponer, este mediocre libro carente de artilugios literarios los atrapo de inmediato. Su primer libro. Escuelas, oficinas, universidades dando un concepto de dinero que podría interpretarse como simplista, por lo menos.

No tengo nada personal contra el dinero, mi preocupación es, más bien, colectiva. Me alarma la dimensión del problema y la normal aceptación de una sociedad anestesiada. Fervientes abusadores de opio, incapaces de poner en tela de juicio el mal responsable de cuanta injusticia exista. Nos creemos una raza inteligente, arrogantemente superior, de hecho exterminamos a todos aquellos que creíamos inferiores, que según nuestra perspectiva no merecían ser tratados como iguales: incas, mayas, aztecas, etc. E igualmente somos la única raza capaz de tropezar ciento de veces con la misma piedra sin ni siquiera detenernos a pensar en tamaña mentira en la que estamos inmersos, y que no es casual, que al igual que la religión, carezcan de razones lógicas.

Por Milton Tarabarelli: quién todas las mañanas necesita recordar sus sueños, para de esa forma, resistir.

lunes, 23 de agosto de 2010

"Niño maleducado"

Es fácil entender el por qué de la educación que recibimos desde niños ya, si hemos sido educados por europeos: religión europea, historia europea, ropas europeas, costumbres europeas y todo tipo de accesorios de susodicho continente. Fueron estos los que instalaron las primeras escuelas en la naciente patria, y si esperábamos que nos contasen la real historia en la que ellos en el mejor de los casos quedasen como codiciosos, asesinos y ladrones, pues entonces seriamos muy ingenuos. La iglesia que nos enseño a rezar y a venerar a Dios, es de potestad europea también, siendo esta la principal cómplice de ultrajes, aberraciones, asesinatos, violaciones, esclavitud, todo tipo de herejías, y otras injusticias, teniendo como único fin aumentar la clientela. La misma iglesia que en 1945 se horrorizara del holocausto. Hemos sido invadidos por la cruz y la espada, una y otra de alto contenido maligno y burgués. Educándonos como ellos quieren para ocupar el rol que la sociedad necesita que cumplamos para que no se vaya a la mierda la farsa de sistema que tenemos. Recuerdo unas palabras que leí hace bastante, pertenecientes a Picasso que decía: “Todos los niños nacen artistas, pero lamentablemente, inmediatamente se los comienza a doctrinar para formar parte del sistema, es decir: abogados, arquitectos, economistas, etc.”. Tan ciertas estas palabras y cualquiera que halla prestado atención a un niño lo puede comprobar, cantan, bailan, dibujan, pintan, construyen castillos de arena que una vez terminado romperá; porque el artista es así destruye sus obras, cuentan historias fascinantes que más de un novelista envidiaría, el delirio hasta la locura y como todo buen artista no quiere saber nada con el dinero, corren por ahí íntegramente en cueros como invocando el espíritu de John Lennon. Los ahoga esa necesidad imperiosa de tener que expresarse. Pero inmediatamente ahí estamos nosotros, los adultos, con la madurez suficiente para corregirlos, para quitarle la guitarra, el crayón, el tambor, vestirlo y enviarlo al preescolar. Perdona hijo, pero la sociedad esta muy enferma y, por ende, no necesita artistas, sino psicólogos, psiquiatras y farmacéuticos.

Quizás sea hora de entender de otra forma la vida, quizás sea momento de cambiar eso o al menos hacer el intento. Si por ejemplo: el mayor error del hombre es haber maltratado la naturaleza de forma imperdonable al punto tal que muchos de esos excesos no tendrán enmienda, ¿No es momento de empezar a reeducar por ahí? Porque esta educación esta fallando, y todo lo sabemos. Comenzar por el comienzo. No hay nada que debamos cuidar más, que la naturaleza y a cambio ella nos alimentará, nos curará, nos vestirá, nos proveerá de los materiales necesarios y que esto, con un poco de trabajo, nos dará una vivienda. Pero conscientes de compartir, tarea que no será fácil, pero que será una materia de suma importancia, más significativa aún que el Derecho. Cuando entendamos esto, cuando el compartir derrote a la codicia, recién ahí podremos respetar la vida, otro de los valores imperantes que deberíamos adoptar como uno de los principios rectores.

Sólo dejar que la naturaleza corra su curso, dejémonos llevar por ella. Permitámosles a los niños, ser como naturalmente quieren. No repitamos en ellos el error que se cometió con nosotros. Dejemos a la naturaleza gobernar, y veremos que generosa es, alcanza para todos y no conoce de “exclusión”.

Facundo Riera

jueves, 22 de julio de 2010

De paseo por la sociedad Rural


Para la tranquilidad de todos los argentinos, la vaca Amelie llegó a la Rural cansada pero llegó. “Latele” la esperaba para la conferencia de prensa que nunca dio, aunque si posó desnuda para las fotos que serían tapa de los diarios. Entonces sí, todo listo para que comience la más grande fiesta de campo de toda América Latina.

Ellos ya se pusieron sus camperas de gamuza, cueros de carpincho, chalecos, camisas lisas o a rayas, alpargatas de colores vivos, cuenta ganado, estómagos prominentes bien cerca del mentón, pañuelo al cuello con pasadores, mucho cardón, prolijos bigotes, exhibición de dientes, cinturones de cuero con hebillas de temática campechana, más cardón, un gracioso, todos camperos; otro, el más campero, también vive en la ciudad. Conversan acerca de camionetas.

Ellas no pudiendo ser menos y para estar a tono de tamaña festividad salieron de la peluquería para unirse a sus maridos, también con doble apellidos, devotas de la concentración de riqueza y del 1 a 1, tinturas para pelos de todos los colores; collares, anillos, aros, arrugas y otros colgantes; la seudo palabra “sho” encabezando las oraciones, fanáticas del opusdei, y quizás también del apartheid, sus carteras haciendo juego con las camperas de sus hombres, su frivolidad haciendo juego con la arrogancia de sus hombres, un poco de cardón también, muy “fifí”, sin conocimiento acerca del campo pero mucha habilidad para las ciudades. Sus temas de conversación por excelencia: sus hijos y cómo estos ya comienzan a parecerse a sus padres.

Una infinita cantidad de camionetas 4x4 me guiñan el ojo, no sirven para otra cosa que fundar malos pensamientos en mí. Entonces pienso: qué herramientas les darán a sus peones para trabajar el campo, les darán un tractor último modelo también, digo, porque quizá esto no sea tan necesario como sí lo es una camioneta último modelo para poder dar la célebre vuelta al perro por los pueblos de donde estos son oriundos, orondos. Siempre me llamó la atención lo que puede significar un automóvil de esta calaña en los pueblos o pequeñas ciudades, lo que tranquilamente en Bs. As. sea uno mas del montón, en estas comarcas, tienen nombre y apellido, algo así como un valor agregado, algo intrínseco en ellas que hace a su dueño diferenciarse del resto de los mortales, ¡Miralo vos a fulanito, la chata en la que anda!, y fulanito lo sabe, porque él también ha estado del otro lado de la ventanilla. Pero este anhelo del auto como dando a saber al resto el tamaño éxito que posee (entendiéndose por éxito, únicamente y solamente el factor económico), directamente proporcional al modelo del auto. Algo que lamentablemente es contagiado a otras esferas de menor capacidad adquisitiva, como la clase media. Lo que me permite comprender un poco mejor la pobreza cultural en la que suelen encontrarse estas ciudades, donde ya no hay cines, bibliotecas, museos, obras de teatro, ni recitales. Donde el disfrute y goce de la vida pasa mas bien por mostrar, aparentar (y si no me creen, pregúntenle a Facebook). Donde una gran cantidad de casas de ropas de reconocidas marcas, lo confirman, y donde las bibliotecas, disquerías, u otros espacios artísticos van siendo paulatinamente reemplazadas por éstas. Aunque esto es una apreciación personal solamente. Como todo.

Pienso en los peones, esos que desde siempre trabajan los campos, los que más se merecen estar allí, en la Rural, disfrutando de una feria que los enriquezca, pero precisamente son ellos los que brillan por su ausencia, brillo que pocos notan. Invisibles en su fiesta. Lo que para cualquier admirador de Tinelli, sería un bluper, para mí es una demostración más de que nada en estos lares es casual. Pero para suplir estas ausencias, en cambio, están los jóvenes hijos: estos acomodados, oportunos, herederos, económicamente satisfechos, legatarios, delfines, improductivos, desocupados, que se autodefinen como amantes del campo, pero que aún no deciden mudarse y siguen viviendo en las cómodas ciudades. Los que no logran imaginar el campo como un lugar de arduo trabajo, sino como una escapadita de fin de semana, para descansar del stress de la ciudad, de recitales de bocinas. Un plácido lugar donde comer un sabroso costillar, cabalgar un exótico equino durante un exótico atardecer, pero no más. Donde los delirios de libertad pueden ser rápidamente mutilados por el nostálgico confort de la ciudad, ciudad donde un cielo tormentoso no puede cambiar nuestros planes como sí sucede en los campos, donde aquellos omnipotentes no entenderían jamás, cómo un simple camino en mal estado puede ser tan significativo o cómo una antena mal calibrada puede excluirlos del mundo. Algo que para el hombre de campo es tan normal como entablar conversación con su caballo o con su perro compañero. Peonada que de apoco voy entendiendo por qué no puede acceder a la educación (con la que tanto insisto), quizá porque un peón con educación no estaría tan de acuerdo como lo está hoy, cuando Biolcati por medio de Buzzi y de De Angelis indagan por un dólar más alto, que oscile los $5, cuando cualquiera con un ápice de conocimiento en materia económica sabría que un aumento del tipo de cambio trae aparejado un inexorable aumento de la inflación, donde los que se benefician son únicamente los productores (ya que reciben una mayor cantidad de dinero por sus exportaciones) y los perjudicados: como siempre, nosotros (los asalariados). También estarían al tanto de que, cuando dicen no a la ley 125, están diciendo no a su articulo 20, donde textualmente expresa: “Créase el FONDO DE REDISTRIBUCION SOCIAL con la finalidad de financiar la construcción, ampliación, remodelación y equipamiento de hospitales públicos y centros de atención primaria de la salud; la construcción de viviendas populares en ámbitos urbanos o rurales; la construcción, reparación, mejora o mantenimiento de caminos rurales y el fortalecimiento de la agricultura familiar.” O También saber que todos aquellos pequeños productores gozaran efectivamente de las “compensaciones a pequeños productores” (capitulo 2 de la misma ley) siempre y cuando se apeguen a sus declaraciones juradas. O quizá, porque de estar un poco mejor informados, verían en De Angelis a una simple persona que está siendo manipulado por la sociedad Rural y olvidándose de ellos. Antes lo dije y lo vuelvo a repetir: nada en estos lares, es casual.

Los precios de quesos, jamones, salames siguen tan caros como siempre. Una bondiola puede ser más cara que toda una canasta básica. Pero si hay algo que tiene de lindo esta feria son los stand donde venden patonas pick-ups, cuya información la brindan patonas promotoras, y donde hasta el más íntegro padre de familia puede convertirse en un pedante galán de tv.

Cada vez que pienso la cantidad de horas que tendría que trabajar para tener una de esas (Pick-ups, no señoritas), me deprimo, aunque no por lo sobrevaluada que se encuentra una simple camioneta, sino por lo devaluado que está el trabajo.

Un muchacho con ojos claro y boina se prueba una 4x4, se mira en el retrovisor y se piensa. Otro, sin ojos claros ni boina pero igual de joven, tiene en una mano a una nenita de unos 60 cm. de alto o de unos tres año y la otra, enroscada al cuello de su mujer, miran desde afuera el interior del último beeme, que está con la puerta abierta. Tres jóvenes pasan por al lado mío, dos de los tres están disfrazado de gauchos, los tres hablan perfectamente porteño. Son muy pocos los peones que se ven, lo más parecido son estudiantes (que aún no son patrones). Un angus cinchón me mira fijamente, lo miro, nos miramos, me aburro, él no. Algún peón baña un hereford- según señala la cabaña. Una nena monta un pony para la foto que su padre captura, ahora pienso en la etimología del nombre de los Pin y Pon. El colosal olor a mezcla de bostas rápidamente adiestra las fosas nasales de cualquiera. En otro corral, un potro cachorrito, a duras penas en pie, es el encanto de un puñado de niños. Cuán felices. Un corderito me mira, también lo miro, me lo imagino en la parrilla, no me mira más.

Trato de no tener pensamientos resentidos, pero es difícil escribir acerca de la Rural (a la que he ido muchas veces) sin tomar una postura, sin obtener conclusiones.

Ahora pienso en esta palabra: resentimiento, palabra que puede ser muy ambigua. Palabra que a pesar que aquellos que suelen usarla, conocen su significado, no conocen su origen. Yo tampoco lo conozco, aunque debo confesar que también la he usado (y la seguiré usando), pero sí veo a esta palabra como un sistema automático de defensa de la clase dominante hacia la clase dominada, a la que se le exige que reprima sus clamores en silencio, y si así no lo hiciese, pues entonces será resentido. En Argentina cada vez que alguien utiliza este adjetivo descalificativo, da la casualidad que los agraviados siempre suelen ser pobres o victimas de cualquier otra forma de injusticia. Hablando muy mal y muy pronto: no solo te meto el dedo en el culo, sino que además no podes quejarte. Muchas veces he escuchado personas refiriéndose a indigentes, madres de plaza de Mayo, mujeres maltratadas, prostitutas, entre otras, con esta displicente palabra. Todas personas que a mi entender están en todo su derecho de sentirse resentidas, ya que hay algo que las oprime, las aqueja, las aflige, algo que irremediablemente les cambio la vida para siempre. Es cuestión de ponerse en su lugar por unos segundos. ¿No tiene derecho una madre a la cual le arrancaron su hija, la torturaron, violaron y quien sabe cuantos vejámenes más, a estar resentida con el sector responsable de dicho daño? Sin embargo tildamos despectivamente de resentido al que no tiene para comer, no tiene el celular que la tele le dice que tiene que tener, las pilchas a tener, el plasma en 50 incomodas cuotas que tiene que tener para mirar mejor el mundial y por ende sale a robar al primer gil que ve, para satisfacer la necesidad de demanda que le promulga el mercado una y otra vez, hasta que se les grabe en el centro del sistema nervioso, ahí, entre medio del hambre y el sexo.

Quizás tengamos que condenar un poco más a los fabricantes de resentidos y no tanto al producto terminado.

Aunque es importante remarcar que no estoy defendiendo rencorosos que no tienen motivo para serlo como el caso de Pergollini o Rial por poner dos pelotudos, ejemplos.

Me estoy refiriendo y defendiendo a los que pocos se refieren y defienden. Me estoy refiriendo a aquellos que ni siquiera pueden ser escuchados cuando piden cura al cáncer que aqueja a su hijo de apenas dos años (en el Chaco, sobre todo) como consecuencia de aviones fumigadores, vertederos voladores de glifosato, endosulfan, metamidofos, picloran y clopirifos, entre otros químicos usados en los cultivos de arroz y soja. Para suplir la mediocridad de ingenieros, veterinarios y administradores que no pueden cultivar soja sin la necesidad de estos y que tampoco tienen los cojones para advertir a los productores, lo ambiental y socialmente nocivo que es esto. Productores que ignoran tanto como yo, lo que están vertiendo a sus propiedades, aunque la ignorancia no reconoce propiedades privadas. Me refiero a peones que trabajan en condiciones medievales y por miserias en los yerbatales del norte del litoral para que De Angelis y yo podamos tomar mate a un precio barato, aunque De Angelis de esto no diga nada. Peones que trabajan en condiciones medievales y por miserias en las plantaciones de algodón del norte del litoral para que De Angelis y yo podamos vestir ropas a un precio barato, aunque De Angelis de esto no diga nada.

Peones que trabajan en condiciones medievales y por miserias en los ingenios azucareros de Tucumán y Santiago del Estero para que De Angelis y yo podamos endulzar nuestras vidas a un precio barato, aunque De Angelis de esto no diga nada.

Todo esto es opacado por una cierta cantidad de dinero, dinero para ganar un lugar en las cumbres de la sociedad, una cuenta en un banco, un banco en la iglesia, una prepaga bien cara y privada; escuela: la más exclusiva, la más privada; un terreno en el paraíso, un paraíso en un country, country privado de todos los resentidos, resentidos que aumentan a la décima potencia, potencia que todavía es paciencia.

No se porque termino hablando de esto, pero mis dedos escriben solos como solos se vienen esos pensamientos que nos rondan por la cabeza esperando el momento indicado.

También me percato de cómo pueden llegar a ser los más argentinos cuando les conviene, nadie más argentino que ellos. El ser nacional podría explicarse fácilmente con una fotografía de ellos, artífices de la Argentina granero y frigorífico del mundo, dueños de todo progreso, donde los hoy abuelos y bisabuelos camperos aplaudieron de pie el pacto Roca-Runciman, es decir: Argentina de rodillas ante Inglaterra. Y donde sus hijos, hoy padres camperos aplaudieron de pie el neoliberalismo menemista y la quita total de retenciones. Y donde el año pasado, el presidente de la sociedad, revindicó el plan económico de Martínez de Hoz, aplaudido de pie por sus feligreses. Siempre pensando en salvarse ellos y en nadie más que ellos aunque sea en desmedro de la clase media y baja. Y ahora que me pongo a pensar, esto último dice bastante del argentino promedio. Sí tendría que buscar una palabra para definir el común denominador del ser argentino (hombres y mujeres), creo sin lugar a duda que es el individualismo, donde el que mejor lo lleva a cabo es el sector terrateniente. Lejos de comprender que la pobreza no es buena y mucho menos a nivel colectivo, esto no es viable y cualquiera con un poco de imaginación (ni siquiera educación) lo puede comprender.

También creo que en general, los argentinos nos estamos dando cuenta de quien es quien, las ideas disfrazadas, la economía que profesan, los intereses que defienden. Como así también creo que cada día son más los que se dan cuenta que la clase terrateniente a diferencia de lo que ellos dicen, no quieren un país ni tampoco les interesa tenerlo. Lo que sí quieren son los recursos de ese País: las tierras húmedas que aguanten la mayor cantidad de monocultivo posible, la peonada barata y bruta incapaz de morder la mano que lo alimenta, capitales fáciles de conseguir y ansiosos de ser blanqueados; y por supuesto: leyes flexibles que permitan todas estas cosas. “Ese será siempre su País”

Riera Facundo

jueves, 10 de junio de 2010

¿LA DROGA ES EL TÓXICO?

La noción misma de “toxicomanía” coloca en una verdadera encrucijada temática: ¿pertenecerá el fenómeno al campo de la sociología, o dependerá de un abordaje médico, jurídico, psicológico o etnológico? Esta indeterminación, señalada desde hace ya mucho tiempo, se duplica en una indecibilidad que simultáneamente subsiste en el interior de cada una de esas disciplinas. Es posible registrar las huellas de esa indecibilidad en ciertas faltas de rigor epistemológico, en un deslizamiento de los conceptos, que no pocas veces caracterizan a las afirmaciones e investigaciones sobre “la toxicomanía”. A veces el sociólogo psicologiza sus decires, el jurista difiere su ley a una decisión médica, los psicoanalistas solicitan modelos comportamentalistas u operan una psicologización secundaria de los conceptos analíticos o preventivos.

A través de las diferentes conceptualizaciones el tóxico ha sabido tomar las cualidades de un remedio o las de un veneno. Es de alguna manera esta “estructura de ambigüedad y de reversibilidad” la que infesta todas las reflexiones en materia de psicofarmacología. Platón denuncia esas potencias ocultas, seductoras, engañosas, que actúan su doble faz: remedio y veneno. “La pharmacie” de Platón, representa dos medicinas ocultas que transgreden las leyes de los dioses, inventan filtros y trazos que son o remedios, o venenos. Estos dos procedimientos artificiales fabrican “excesos” en el cuerpo del discurso y en el cuerpo de los órganos. Esta ambigüedad del farmakon de Platón, nos aleja de un pensamiento de “la droga” como flagelo. Imágenes y slogans asociados a “la droga” son, en efecto, pretextos para ilustrar insidiosamente toda caza social del “cuerpo extraño tóxico”. El opio alberga, como tantos otros, lo más y lo menos, es a la vez un estimulante y un sedante. Cuando se lo administra de nuevo, lo positivo se invierte y se “negativiza”. El farmakon sería entonces lo que encierra en sí mismo a su propio contrario.

Señalemos también que Freud mencionó otro aspecto del efecto de las drogas, en particular en su obra El malestar en la cultura de 1929. Dice: “La vida, como nos es impuesta resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes...los hay, quizá, de tres clases: poderosas distracciones, que nos hagan valuar en poco nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ella”. El propio Freud había insistido en las características de ese repliegue respecto del mundo exterior: “No sólo se les debe (a las sustancias embriagadoras) la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia, ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior. Bien se sabe que con ayuda de los “quitapenas” es posible sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación”. Además, Freud llamaba la atención sobre las modificaciones de las condiciones de nuestra sensibilidad por obra de la intoxicación “pero también dentro de nuestro quimismo propio deben de existir sustancias que provoquen parecidos efectos, pues conocemos al menos un estado patológico, el de la manía, en que se produce esa conducta como de alguien embriagado sin que se haya introducido el tóxico embriagador”.

Se habla de droga en singular y no de las drogas, habría un interés de no diferenciar sustancias muy distintas entre sí; basta que tengan una característica común: que hayan sido prohibidas. Tampoco interesa hablar de una serie de sustancias permitidas, es decir, no prohibidas, que tienen tanta o más capacidad de alterar esas condiciones psíquicas o físicas, tales como el alcohol, tabaco, psicofármacos. Lo importante no parece ser ni la sustancia ni su definición, ni mucho menos su capacidad o no de alterar de algún modo al ser humano, sino más bien, y esto es fundamental, el discurso que se construye en torno a la prohibición. Creando el mundo de lo legal y de lo ilegal. Por lo tanto habrá drogas prohibidas y permitidas, consumidores y traficantes, víctimas y victimarios, enfermos y delincuentes...según sea conveniente a quienes intenten nuevas formas de control social, ocultando de paso otros problemas mucho más angustiantes e importantes, tales como la mortalidad infantil, el analfabetismo, la desocupación, la corrupción, etc. El penalista español Carlos González Zorrilla, en su obra “Droga y cuestión criminal”, menciona tres clases de estereotipos que surgen de los modelos de discurso que a continuación citaré.

El discurso médico ve al drogadicto como enfermo y a la droga como virus, epidemia o plaga, creando el estereotipo del dependiente.

El discurso cultural, transmitido a través de los medios de comunicación social, necesita al consumidor como el que se opone al consenso, nombrándolo drogadicto.

El discurso moral agrega el calificativo de “vicioso” y designa a “la droga” como el “flagelo”, “placer prohibido”, etc.

El discurso jurídico ve a todas las drogas como peligrosas, sin entrar en detalle acerca de sus diferencias. Legitima la diferencia entre el “bien” y el “mal”; califica a esta conducta de mala y perversa cuando está relacionada a la droga ilegal. Si la droga no es ilegal, la conducta no es mala ni perversa. Este discurso da origen al estereotipo delictivo.

Otro estereotipo es el que se produce cuando se equipara el consumo de drogas con la adicción. El vínculo adictivo que un sujeto establece con algo, es sólo uno de los posibles y para nada el más frecuente. Distintos estudios informan que únicamente entre el 8 y el 10% de los consumidores podrían ser ubicados en la categoría de adicto, porcentaje con valor universal y válido para todas las sustancias.

En esta sociedad en que cada vez más se valora el acceso a bienes económicos, el consumo tiene poderes mágicos a través de los cuales se intenta satisfacer las más variadas necesidades reales o simbólicas. La droga pasa a ser un objeto de consumo ideal, en tanto es cargada de múltiples significaciones. El deseo de éxito, el rendimiento laboral, la potencia sexual, la soledad, la frustración, el dolor, encuentran en las drogas una aparente satisfacción. Estamos frente a un síntoma que denuncia una problemática social. Por lo tanto, es necesaria la articulación de la prevención específica e inespecífica para trabajar con la comunidad apuntando al fortalecimiento de las redes sociales, maximizando los procesos autogestivos que sustentan la búsqueda de un mayor protagonismo social e individual en el descubrimiento y resolución de los problemas. En este tema debemos plantearnos el objetivo de instrumentar a la población para que pueda asumir una actitud responsable e informada.

El modelo médico se trasladó acríticamente a todas las disciplinas. Pero cuando se trata del problema drogas, desde este modelo médico, te prevenís del adicto. Este modelo piensa desde la enfermedad. Para abordar la problemática de las adicciones, debemos pensar desde los aspectos sanos de las personas, para poder sanar lo enfermo. Hay modelos preventivos que ha veces enferman lo sano. Dichas actitudes preventivas se centran en la enfermedad. Pero cuando se preguntan qué es la salud no saben definirla. El gran ausente es lo saludable. Esto lleva al cuestionamiento de los condicionantes de ciertos estilos de vida, pero no con el sentido de instaurar desde un lugar de poder, un estilo hegemónico de vida saludable, sino con la perspectiva de abrir la posibilidad de construir formas de vida compatibles con la salud, en un marco de tolerancia y respeto por las diferencias. El pedido de información que posibilite detectar a los posibles consumidores para poder luego derivarlos y/o denunciarlos a alguien designado como “experto”, porta en lo sustancial, la idea de que el problema está afuera de uno. Detrás de autojustificaciones humanitarias y de buenas intenciones, se esconde, a veces, una enorme dificultad para comprender las complejas dinámicas que el consumo de sustancias de alguna forma denuncia. Las respuestas que de ello se desprende por lo general agudizan la exclusión, a través de la segregación y estigmatización, frecuentemente fortalecedoras de la situación que se pretendía solucionar. Cuando se acumula poder de manera excesiva, se puede establecer con los otros una relación en la que se los desconoce, asignándole una identidad parcializada y desvalorizada en la que se niega su humanidad plena.

Lo saludable no es un estado perdurable sino un tránsito permanente. La salud es de esta manera una visión global de la vida misma, atendiendo a la personalidad del hombre y al ambiente (condiciones físicas, biológicas, culturales, psíquicas, económicas, a las cuales debemos adaptarnos o transformarlas para que se adecuen a nuestra especie). El concepto salud-enfermedad como proceso social implica su articulación en los procesos económicos, políticos e ideológicos de la sociedad y por lo tanto debe entenderse en función de un cierto contexto y no como realidad naturalmente dada.

Lo que es saludable en una situación puede no serlo en otra. Es por ello que podríamos decir que es saludable usar la fuerza que puede darnos el conflicto para motorizar un cambio. Entonces lo saludable dependerá del significado que se le atribuya en un contexto dado, así como de las peculiares condiciones de tal contexto. Freud nos decía en “El malestar en la cultura” que el sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia, del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con sus fuerzas destructivas, omnipotentes e implacables, por fin, de las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de ésta última fuente quizá nos sea más doloroso que cualquier otro. La nueva visión de las adicciones que viene proponiendo hace años la prevención comunitaria, establece que la representación del toxicómano se desplace del encuadre jurídico de delincuente al estatuto de enfermo, de enfermo a enfermo como los demás, para por último volverse ciudadano y sobre todo ciudadano como los demás.

Para finalizar quiero comunicar lo que el escritor Italo Calvino en su libro “Las Ciudades Invisibles” le hace decir a Marco Polo: “el infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio".

  • Por Dr. Miguel Ángel Casella

  • Jefe del Departamento de Prevención CENARESO.

  • Prof. Titular de la Cátedra Práctica Profesional Tutoreada en Prevención Comunitaria Facultad de Psicología USAL.

  • Director del Seminario Psicología de la Drogadicción Facultad de Psicología USAL.

sábado, 29 de mayo de 2010

"Dicen que se escapó de un sueño"

¿Cómo no dedicarle unas líneas a la persona que más alegrías dio al pueblo argentino? Una de las personas mas famosas del mundo que ni siquiera hace falta su apellido para saber de quien se trata.
Me parece que se lo debemos. Aunque no tengo pensado hablar de su magia futbolística, de esto se sabe contenedores enteros. Hoy más bien me gustaría hablar de su persona. Y que, seguramente usted a esta distancia, ya sabe a quien me estoy refiriendo.
Hace un poco menos de 30 años todos veíamos y disfrutábamos de que sea él, la persona más conocida y representativa de la Argentina. No existía mejor embajador, nos hacia sentir únicos, exóticos y envidiados por todo el mundo futbolero.
Mientras que la economía, como de costumbre, venia en detrimento. La democracia, parecía ser una utopía que a pocos les interesaba seguir conservando. Las diferencias entre los distintos sectores sociales estaban a la orden del día.
En cambio, a él lo amaban todos, supo abrazar entre si, diferentes clases sociales e ideológicas que habitaban el territorio. Fue el artista argentino por excelencia y su famoso gol a los ingleses, su obra cumbre; y que a su favor tuvo una predominante característica que otras obras carecen: improvisación.
Seguramente de haber sido una pintura, hubiese sido: “La ultima cena” de Davinci; de haber sido una canción, podría haber sido: “Jeremy” de Peral Jam; un libro: “Sobre héroes y tumbas” de Sabato; o “El padrino” de Coppola si hubiese sido cine. Pero fue fútbol y él, su dios.
Así como los artistas demostraron que existían otros colores aparte que los del arco iris, el demostró que había otras piruetas dentro del fútbol que nadie conocía.
Pasado el tiempo y apagado su apogeo, fueron aquellos marádoñéanos de alma los que lo bancaron, cuando muchos arrepentidos chupasangre le volvieron la espalda.
Cuando era su corazón, empachado de excesos, el encargado de decidir si continuar o detenerse; allí estaba su santa iglesia pidiéndole a Dios, por dios. Quizás entre colegas se entiendan mejor, decían los más exagerados fanáticos. Esos que no pueden describir con palabras, sin que se les humedezcan los ojos, lo que sienten por él. Un amor que todo lo perdona, no encuentra defecto alguno, y que aumenta despavoridamente con cada nuevo accionar de su ídolo. La incondicional entrega de amor de un hombre hacia otro, sin necesariamente ser homosexual.
Pero comienzan a salir esas voces llenas de todo, nacidas y creadas en barrios privados de realidad social, que no pueden comprender lo que simboliza esta persona para los “sin jetas”, entonces de un momento para otro lo enjuician y lo condenan, todo por la módica suma de la desmemoria, enfermedad que suele atacar a la clase media alta argentina.
Sector que jamás se vera reflejado en él, cuando siendo técnico de la selección juega y pierde. Ellos se veían en él, cuando ganaba mundiales, copas del Rey o copas italianas entre otras infinidades de gloria. Esta gente no se halla en él, cuando pronuncia grosería a los intocables periodistas, porque los argentinos descendemos de Caballeros ingleses y Quijotes peninsulares. La misma gente que jamás le perdonara que se halla hecho amigo de Fidel, que creara el Sindicato de Futbolistas Agremiados. Y menos aún, que se drogue y estacione su camión en la puerta de la casa de Mirtha Legrand.
_ ¡Es esta gente la misma que vota a Macri, pidiendo a gritos seguridad!
_ Disculpeme señor escritor, pero eso es una apreciación personal que no le permitire. ¡Vamos, trate de ser objetivo que venia bien!
_ Es verdad. Discúlpeme; pero mire, le propongo algo: En los dos goles de Diego a los ingleses se da algo único en la historia del fútbol. En esos dos goles conviven, la belleza en uno y la picardía en el otro. El primer gol, el que todos conocemos, aquella sonata a la cual el gran poeta del fútbol, como lo es Víctor Hugo, supo ponerle voz. La misma voz que hasta aún hoy acompaña esas interminables y maravillosas imágenes.
En el segundo en cambio, predomina la picardía. Ese ilegitimo gol que al fin encontró venganza a esa misma ilegitimidad con la que usurparon nuestras Islas, y que bélicamente nunca pudimos ajusticiar.
Es muy probable que si realizamos una encuesta a nuestra hipócrita sociedad Argentina; con cual de esos dos goles se sienten más identificados. La respuesta sea: con el primero, aunque el cotidiano desempeño de sus vidas tenga mucho más que ver con el segundo, el golazo con la mano.

Y para ir terminando, me gustaría recordar que este genio hizo todo lo que hizo, como su tango lo indica, en “casi” su mejor gambeta.
Diego: Amado y odiado, con sus defectos y virtudes.
Diego: como referencia de una sociedad.
Diego: nuestro contemporáneo Martín Fierro.


Riera Facundo

lunes, 10 de mayo de 2010

Documental: La Isla de las Flores


Dirección: Jorge Furtado
Año: 1989
Título original: Ilha das Flores
Origen: Brasil
Género: Documental

lunes, 3 de mayo de 2010

¡Medio ambiente o muerte!

No me considero una persona supersticiosa, más bien al contrario: muchas son las veces que he pasado por debajo de una escalera, abierto un paraguas bajo techo, o he pronunciado Menem sin llevarme la mano a un testículo, simplemente para hacer rabiar al ignorante que llevo dentro. Es más, debo ser uno de los pocos o tantos boludos (no lo se) que ha pronunciado la palabra Candyman unas 5 veces frente al espejo para que este apareciese y clavase su garfio en mi espalda, y debo confesar que para mi suerte, nunca apareció, ni siquiera el “chupacabras” o el “lobisón garroteau” aparecieron.

Pero hay cosas que son muy importantes como para creer que es meramente superstición o ignorancia. Porque quiero pensar que, cuando los grandes idóneos del medio ambiente hacen referencias sobre hacer algo urgente para detener tanta polución, caso contrario, prontamente una gran parte de la población mundial perecerá; se lo debemos a lo que nosotros entendemos como superstición o ignorancia por parte de ese sector. Pregonando apocalipsis porque no tienen mejores cosas que hacer y entonces molestan nuestras placenteras vidas. Mas triste sería que seamos conciente de eso y sigamos viviendo nuestra cuenta regresiva como si nada.

¡Oh mis estimadísimos, he aquí el dilema madre: ¿somos alegres ignorantes, o tristes mortales, que todo nos interesa demasiado?!

Esto no es nuevo, para nada nuevo: existen muchas personas que han escrito hace décadas lo que hoy está sucediendo, sin embargo vamos al cine a ver “el día después de mañana” como algo totalmente ficticio y poco probable. Soy un convencido de que la realidad supera enormemente a la ficción. ¿Acaso se imagino alguien en 1940 de lo que se trataría el holocausto?, ¿o que un grupo de personas accidentadas y perdidas en la cordillera andina sobreviviría en tan extrema situación unos casi 80 días, alimentándose de cuerpos humanos? o ¿un 11 de Septiembre? (más allá de la siniestra neblina que envuelve este tema).

Esto ha comenzado, quizá el calendario Maya tenga razón. Porque exceptuando la Biblia y sus apocalípticas predicciones, nadie habla que el fin de los tiempos va a suceder de un momento para otro, no. Esto va a suceder como ya está sucediendo, paulatinamente: tsunami en New Orleans, terremoto en Haití, alud en Perú, terremoto mutando a tsunami en chile, aumento del calentamiento global, nevadas nunca antes registradas en Europa, inviernos más cortos y veranos más largos, derretimientos de grandes masas de hielo y por ende aumento del nivel del mar y otras cantidades de catástrofes en Asia, África y Oceanía.

Ahora bien, los mayores responsables de cuanta profanación ecológica exista, obviamente son los países más industrializados o ricos, aunque esto no libra de culpa y cargo a los medianamente industrializados o pobres, en los que la corrupción, antesala de la contaminación permite operar a empresas con métodos baratos, obsoletos y altamente nocivos para el planeta. Pero sí son los países más ricos, los únicos capaces de revertir el problema ambiental, ya que son estos y solamente estos los miembros honorarios de la ONU, 8 países que tienen la fuerza, el dinero, los contactos y el conocimiento para emprender un nuevo sistema que fomente el verde. Pero lamentablemente son estos 8 países los que más contaminan y que omiten reconocer que las catástrofes que hoy tienen lugar se deba a la contaminación por ellos emitida, ya que no hay nada que pruebe que estos mismos hechos no sucederían si estas industrias no existiesen, y aunque parezca mentira, este es el paupérrimo argumento que alegan y lo peor de todo, que les resulta eficiente porque total son ellos la autoridad. Por más que 182 del total de 190 países que integran la Organización Mundial De Naciones Unidas promuevan que se debe bajar la cuota de polución de cada país y exista uno de los 8 miembros honorarios que vote por un “no”, pues entonces ese voto es suficiente para vetar la decisión de los 182 restantes. Así de democrático. Es por esto que digo que son ellos y solamente ellos los capaces de revertir tal situación, pero lamentablemente poco y nada les interesa.

Si bien el cambio del clima en la historia del planeta se ha ido dando de forma completamente natural y por lo tanto esperada. El problema es lo intensificado y acelerado que ha sido en estas ultimas 4 décadas, creando ríos e inundaciones donde antes no existían y sequías donde nunca las hubo, llevando a que todos los seres vivos que habitamos el planeta no estemos preparados ni adaptados para un cambio tan brusco e inesperado que no hace otra cosa que cobrarse vulnerables vidas.

Cuando se reunieron en Copenhague, en Diciembre pasado, todos los países interesados en disminuir la cuota de residuo toxico, como era de esperar, las naciones más agresivas no se encontraban presentes aunque sí estaban de acuerdo en una reducción de efusión. Pero lo que no se sabe o quizá sí, pero por lo bajo, es que países como Alemania o EE.UU. tienen tasas que superan tranquilamente lo máximo permitido, entonces acuden a aquellos países poco industrializados (por lo general, africanos) que no alcanzan a cubrir su cuota y les compran ese excedente para que de esta manera los primeros puedan sobrepasar legalmente ese limite y como son ellos la autoridad, pues entonces todos conocemos el final. Un ejemplo de esto, es General Electric, una de las industrias norteamericanas que más contaminan y paradójicamente es el mayor fabricante de tecnología especializada en mediciones de distintos tipos de polución.

Es un hecho que el mundo está enfermo, hay quienes aseguran que aunque fuese hoy mismo que dejemos de emitir gases, igualmente tendríamos que sufrir las consecuencias por todo aquello que se contaminó en el reciente pasado. Así que si tenías planes a largo plazo, vas a tener que reformulártelos.

Una vez escribí en esta misma columna (si se me permite llamar así a esto) acerca de qué tipo de educación sería la mas concerniente si existiese la posibilidad de una reforma educacional; y reafirmo que una educación que tenga como premisa fundamental el cuidado de la naturaleza, sería la base de todo, la herencia más importante que todo padre deje a su hijo, porque sin ésta, no habrá lugar para otra. Pero por sobre todo, porque son las personas más “educadas” las que mas daño ocasionan. ¿Acaso no son ingenieros, los que abusan del monocultivo como: soja, pinos, caña de azúcar, etc. (obviamente existen contados casos que no se dedican a esto, sino mas bien a todo lo contrario) y de pesticidas a base de petróleo; o ingenieros químicos, los fabricantes de materiales a base de carbono? Y por sobre todo ¿no son los políticos, sumamente educados, los que permiten la explotación minera a cielo abierto?

No quiero pecar de pesimismo, pero si se me pregunta, si veo un cambio favorable del medioambiente a corto plazo; respondería que no: ni en corto, ni mediano, ni largo plazo. ¿Por qué?, simple: ir contra la contaminación, significa ir contra la industrialización, ir contra ésta, es ir contra la esencia misma del capitalismo, y he aquí la contradicción de un capitalismo hipócritamente preocupado por el medioambiente.

Porque sin industria no habría consumo y sin consumo EE.UU. sería Haití o Zambia. Por lo tanto creo que hay dos opciones: sentarnos a tomar mate hasta que finalmente la Tierra decida venir por nosotros o hacer algo para que las grandes multinacionales, ansiosas de un derretimiento de hielos para poder comenzar sus expediciones petroleras, reduzcan de una buena vez su cuotas de contaminación, para que se derrumben y así poder remendar tantas décadas de polución. No quiero ser dramático, pero es un hecho que la codicia ha llevado a que por cada árbol que se plante, se talen 100, y el consumo de energía autosustentable no es tan redituable como General Motor pretende.

Hace unos días Evo Morales comenzó, lo que creo, una de las más grandes movidas por el medio ambiente por el sólo hecho de tratarse de un presidente el que dé la iniciativa. El Indio habló en un idioma eco-romántico para los amantes de la naturaleza, habló de plantar 10 millones de árboles (uno por cada boliviano), habló de que, sí aumenta la temperatura del planeta en 2 grados centígrados, como se planteó en Copenhague, habrá una reducción de alimentos de un 40% llevando a una inevitable hambruna. Entre un 20 y 30% de especies animales y vegetales podría desaparecer. Se agudizará el derretimiento de los polos y por ende muchas islas desaparecerán bajo las aguas del océano.

También se refirió a los países desarrollados que representan sólo el 20% de la población mundial, estos han generado aproximadamente el 80% de las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y en lugar de reducir el 5% establecido, lo incrementaron en un 11% entre 1997 y 2007.

Habló de las consecuencias de comer productos transgénicos y lo saludable que aun siguen siendo los olvidados alimentos orgánicos.

Siguió diciendo qué para el mundo occidental: el hombre está por sobre la madre tierra y que debe dominarla y someterla, mientas para el mundo indígena: el hombre y la mujer son parte de ella, de ella venimos y a ella vamos cuando morimos, por eso no se puede vender la tierra. Habló de que cada día son más los refugiados (sin hogar) producto de catástrofes climáticas.

Pero lamentablemente la noticia que los medios decidieron difundir acerca de este tema, rezaba que Evo aducía la homosexualidad, a la alimentación con pollos transgénicos. Esto da nota clara de que la ignorancia de algunos es la que aún predomina, y también el inevitable hecho que, de alguna u otra forma, se están beneficiando con el calentamiento global y por ende optan dejar en ridículo al único (que no es casualidad que sea indio, como él se jacta) que decidió comenzar una cruzada, sin empresas ni organismos internacionales que lo patrocinen (o más bien lo controlen), por un planeta que sangra y agoniza y que el dinero no permite remendar.

Mayúscula silueta de tierra húmeda y productiva que el egoísmo no deja compartir equitativamente.

Transeúntes, porque eso es lo que somos, estamos sólo de paso y es tan efímero nuestro paso en comparación a tu tiempo universal, pero sin embargo nos las supimos ingeniar para dañarte y vos mejor que nadie sabrás cuanto más falta aún.

Riera Facundo.